Cuando le cuentas a alguien que has ido a un desfile siempre, tras dar unos cuantos rodeos, te pregunta si las modelos son tan delgadas como todo el mundo piensa. Siento ser yo el abogado del diablo, pero señores, una modelo debe estar delgada. Así de claro.
Cuando veo los desfiles de alta costura o cualquiera de moda prêt-à-porter quiero ver a modelos delgadas. No necesito ver una pierna del tamaño de una columna embutida cual lomo adobado en un pitillo, ni pechos que se desborden por el escote del vestido.
Pretender que encima de una pasarela de dior o chanel aparezca una beth ditto cualquiera sería como pretender que fernando alonso cambiara su ferrari por un seiscientos (sin menospreciar los seiscientos ni a beth ditto). Lo mismo que me resultaría ridículo que kate moss desfilara para elena miró, ¿no quedaría ridícula por muy top que sea?

Todo esto viene a cuento por la tendencia que recorre últimamente el fashion bussines: portadas sacando a modelos rellenitas; desfiles de grandes marcas con "supuestas" mujeres reales (ahora resulta que cuando vayas al mercadona a por tu pan de ajo hacendado las cajeras serán como bar refaeli o elle mcpherson) y oleadas de gente contra el uso y abuso del photoshop. Lo del modelaje cada vez se parece más a la monarquía. Cualquiera puede ser modelo o reina, basta que te cruces con tu "príncipe azul" para plantarte en la portada de elle francia. Obviamente, letizia solo hay una y que alguien me diga el nombre de una modelo de tallas grandes sin buscar en google.


La tendencia está cambiando, es una obviedad, pero hacer creer a la gente que modelos como giselle bundchen o alessandra ambrosio es el tipo de mujer predominante en la sociedad es tan malvado como sacar a modelos como la de la foto.

Que nadie se lleve a engaños. La extrema delgadez ha pasado por la naturaleza de la propia moda. Nadie se ha preocupado hasta ahora por la salud, pero ya nos está tocando aguantar a los protagonistas de turno colgándose medallitas en la lucha contra la anorexia, cuando hace cuatro días ponían en sus portadas o sacaban en sus desfile a modelos escuálidas y visiblemente enfermas.

La relación existente entre el mundo de la anorexía y la moda viene desde la más profunda hipocresía de nuestra sociedad. Acusamos a la industria de vendernos modelos irreales y de fomentar unos malos hábitos alimenticios. Incluso los más radicales demonizan a ciertos agentes, como bookers y editores, reencarnándolos en una versión moderna de las arpías griegas. Pero no escucho a nadie culpar al mundo del fútbol y a sus jugadores ultramusculados de la horda de personas que van al gimnasio y se convierten en vigoréxicos. O al mundo del automovilismo y su relación con los accidentes de tráfico. ¿Es que acaso fernando alonso es el responsable de los miles de muertos en nuestras carreteras? ¿y cristiano ronaldo de los anabolizantes?

Todos tenemos nuestro sitio y todos debemos estar seguros con lo que somos o, al menos, aparentamos ser. Y tener claro, que las revistas, desfiles y campañas son como los grandes circuitos de fórmula 1 y las y los modelos sus monoplazas y pilotos. Y de esos, sólo hay 25 en todo el mundo.

